Hoy de mañana, a eso de las 7 y media, mientras preparaba el desayuno y disfrutaba del mejor momento del día para mi, me puse a leer y por supuesto quedar enganchada de De las Naciones a las Redes, opus reciente que sale de la factoría indiana y está disponible desde sus inicios en la Red a través de los blogs de sus autores.
- Y si sabes esto, ¿por qué te lo estás leyendo recién ahora?
- Muy buena pregunta! Si! Porque por ahora y hasta que tenga un dispositivo de libro electrónico, leo rápido, con el rabillo del ojo en la pantalla de mi ordenador y espero al objeto para tocarlo, leerlo, subrayarlo, hacerlo mio.
A lo que iba. Ya, desde su anuncio, me había llamado la atención que Josu Jon Imaz escribiera el prólogo. ¿Por qué? Porque hasta donde yo le conozco, quiero decirte, a través de los medios de comunicación no le encontraba encaje con el planteo indiando de superar el condicionante territorial a favor de otros, tal vez más sentidos, como la empatía entre nodos en la Red.
La cuestión es que Imaz hace un recorrido por las etapas de la Historia que refieren al hombre con su territorio hasta llegar a la revolución tecnológica de los últimos muy pocos años que nos elevan a la Red y nos liberan, en caso de así sentirlo, del territorio como variable que condiciona nuestras posibilidades en la vida y nuestras condiciones de vida.
En el correr de este prólogo cita a Daniel Innerarity, filósofo vasco a quien leo desde que llegué a este territorio catalán luego de optar por liberarme del mio, el uruguayo, y cuya lectura y pensamiento me emocionan. Leerlo desencadenó una reacción neuronal y de memoria y me recordó una idea que cuando leí en su momento sentí adecuada, oportuna, abierta, dialogante, ¿esperanzadora?
Me fui corriendo a la biblioteca pero confieso que no me acuerdo en cual de sus libros, si en La ética de la hospitalidad o en La sociedad invisible (que es el que cita Imaz) o…, es que Innerarity habla de la idea y la vivencia de la identidad y dice que la identidad no es una ecuación de suma cero; lejos de ello las personas, los ciudadanos tenemos la capacidad de expandir este sentimiento a medida que lo vayamos sintiendo. Es decir, siguiendo con mi ejemplo, que yo no me siento menos uruguaya por sentirme bien en Catalunya e identificarme con algunas de sus formas de hacer, pensar y hablar. Y no me siento menos unida al territorio que me parió por sentirme más afín con personas de diferentes nacionalidades pero con intereses de fondo en común…
En fin, he aquí una emoción matinal, consecuencia también del bookcrossing y bookcompring de Madrid.
Seguimos, ta?










Ta!!!